MOVIEGOER

Autos, mota y rocanrol: la mejor película mexicana de 2025 llegó a Amazon Prime Video. Narra la vida de Justino Compeán, uno de los hombres más poderosos de Televisa.

Decir que algo es “lo mejor” de un año le recarga la responsabilidad a quien escribe de explicar por qué.

Autos, mota y rocanrol narra la historia de Justino Compeán y Eduardo “el negro” López Negrete dos juniors de los años 70, que “organizaron” el festival Rock y Ruedas en Avándaro, mejor conocido como el Woodstock mexicano y que escandalizó a la conservadora sociedad de la época y al gobierno de la época.

Escrita por Christian Cueva, Ricardo Farías y José Manuel Craviotto, quien también la dirige, Autos mota y rocanrol es una película innovadora y disruptiva en un mercado acostumbrado a ver monótonas, simplistas y bobas comedias románticas.

Filmada como un falso documental (mockumentary), —para el lector que no sepa qué es mockumentary, o cómo se vería, es como está hecha la serie The Office—, con tintes de comedia.

La historia comienza con Emiliano Zurita (Justino Compeán) hablándole a la cámara, que en realidad son dos chicos que hacen el BTS (Behind The Scenes, detrás de cámaras pues…) de los días previos, durante y después del mítico festival y que persiguen a todos lados a Justino y “el negro” (Alejandro Speitzer), y nos meten en sus vidas y en las vidas de quienes tuvieron el baro para poder darse el lujo de organizar un festival, que en principio se enfocaba en el caro hobby del automovilismo, y terminó siendo un evento que trajo a la respetada ola del rock psicodélico de Tijuana a tocar a uno de los lugares más fancys y hípsters -hasta el día de hoy-, Avándaro (muy cerca de Valle de Bravo y Mali, como se le conoce a Malinalco).

Imagen: pegado a la butaca
Imagen: Pegado a la butaca

Y aunque la película se promocionó como una historia que nos contaría la mera neta detrás del Mexican Woodstock, en la realidad, el guion cuenta la vida de “los mexican hípsters” que metieron en aprietos a sus amigos con dinero, por andar de “empresarios emprendedores”.

Y es que Autos, mota y rocanrol se enfoca en personajes reales de la historia y vida pública del país principalmente en Justino Compeán (el Don Draper mexicano), que, para el lector que no sepa quién es, es un empresario y brillante creativo que empezó en una de las empresas de publicidad más importante del mundo: McCann Erickson y que se fue consolidando hasta llegar a Televisa donde se convirtió en uno de los hombres más fuertes de la empresa del Tigre Azcárraga. En Wikipedia se puede leer que pasó por Videocentro (el que era el Blockbuster de Televisa), Videocine (la empresa de producción y distribución de cine de Televisa), y finalmente se consolidó como uno de los hombres más importantes del futbol mexicano cuando dirigió la FEMEXFUT (Federación Mexicana de Futbol). A sus 86 años sigue vigente y está involucrado en la remodelación del Estadio Azteca, ahora “Banorte” para el Mundial de 2026.

Imagen: Grupo Milenio

El buen “Jostino” (Zurita), como le dice Jim Stanton su jefe en McCann, se muestra tenaz y convencido de la idea de Eduardo López Negrete (Speitzer) y comienzan a armar lo que sería uno de los eventos automovilísticos de la época, sin embargo, las cosas no serán fáciles, primero recurren a sus amigos en Televisa para transmitir las carreras en vivo en el Canal 2 en domingo, pero les dicen que si lo quiere transmitir tiene que ser “algo que jalé más, como futbol” a lo que Justino contesta “odio el futbol”, quien diría que alguien que odiaba el fut, acabó de mandamás del organismo más importante del futbol en el país.

Luego van a visitar a su amigo Vicente Fox (en ese momento gerente de Coca Cola México, y más adelante, uno de los peores presidentes de la historia) para pedirle el apoyo de la refresquera; Vicente no encuentra relación de la marca con las carreras de coches, y en ese momento Justino voltea y ve unos cuadros de Coca Cola con músicos mexicanos y se le ocurre la brillante idea de atraer a los “chavos” con músicos de rock, la música de moda de la época. Fox se deja convencer y le da la mano a Compeán para entrarle al evento.

Imagen: La Lista

Y lo que sigue es un guion estudiado y perfectamente escrito, en donde no se hacen concesiones y se burlan de lo fresa que son Compeán y compañía.

Cuando conoce a Armando Molina (Ianis Guerrero), el representante más importante de la onda chicana de la época, le dice: “solo me alcanza para dos bandas, ¿Le entras?”, y la respuesta de Armando es: “Is Barniz”, algo así como “pues, va”, y obviamente Compeán piensa que es el nombre de una banda, porque su freses no le da para hablar el idioma de “la banda”.

Otros personajes como Alazraki y Luis de Llano aparecen como parte del staff, “el brujo” (Javier Bátiz), es parodiado como “el músico que le enseñó a tocar a Santana”, estos pincelazos en el guion se agradecen.

Imagen: Chilango

Lo que sigue de la película ya es de dominio público y se puede googlear, la llegada del ejército, el desbordamiento de la multitud, la famosa encuerada de Avándaro, la cancelación de las carreras, y los titulares del Alarma y los medios ultraconservadores que siguen hasta nuestros días.

Pero aquí nadie quiere spoilear, sino invitar a ver en qué acabó la historia de dos grandes amigos, Compeán y el Negro, Eduardo López Negrete, que, siendo dos grandes juniors, dejaron plasmados con letras de oro sus nombres como los organizadores del “Woodstock mexicano”.

Todo un artículo aparte merece el trabajo de diseño de producción de la película encabezado por Connie Martínez y Christian Galindo que estudiaron como se veían los años 70 y los reconstruyeron con precisión milimétrica. Otros elementos técnicos que la convierten en una película única en México, son, la edición, de Martha Poly, con las clásicas pantallas divididas para darle agilidad, por ejemplo: en las llamadas telefónicas en las que hablan con patrocinadores, que son un clásico de la narrativa cinematográfica, o la filmación en super 8mm y Bolex, sí, la película tiene muchas partes filmadas y se agradece en una época donde lo digital ha convertido a las texturas y el color del cine y las series en tonos brillantes y ultra saturados.

Y por supuesto, José Manuel Craviotto, que con menos publicidad que otros directores de su generación, se consolida como un maestro del estilo y la forma bien estudiada y ejecutada, en donde el estilo narra y no es únicamente una provocación desperdiciada para “atraer más audiencia”, su talento ya lo había demostrado con su maravillosa Olimpia de 2018

Autos Mota y Rocanrol es una película apoyada por el fondo público de inversión EFICINE (Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional) el título con el que se inscribió fue: Avándaro, La leyenda del Mexican Woodstock  y las empresas contribuyentes fueron TEREFTALATOS MEXICANOS, S.A. DE C.V., MÉXICO RED DE TELECOMUNICACIONES, S. DE R.L. DE C.V. , MONSANTO COMERCIAL, S. DE R.L. DE C.V., y AEROPUERTO DE MÉRIDA, S.A. DE C.V.  que en total aportaron 20 millones de pesos.

Deja un comentario